Merecieron la pena las hierbas venenosas, las dos libras de ungüento, los mármoles teñidos. En la roca excavada prendieron los pabilos. Todavía la noche no se había lavado con las aguas del día cuando se oyeron pasos acercándose. La mariposa blanca se posaba en las vendas, cuando llegaron ellas. Cantaban Aleluya las copas de los álamos.
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